E. J. Potter, el “Loco de Michigan” que desafió los límites de la velocidad
E. J. Potter, conocido mundialmente como el Loco de Michigan, fue una de las figuras más excéntricas y admiradas en la historia de las carreras de aceleración estadounidenses. Su fama nació del ingenio y la osadía: alcanzó los 274 km/h en una motocicleta a la que él mismo adaptó un motor V8 Chevrolet, y más tarde rozó los 322 km/h sobre una motocicleta de tres ruedas impulsada por un motor a reacción.
Falleció el 30 de abril de 2012 en Ithaca, Michigan, a los 71 años, a causa de complicaciones derivadas de la enfermedad de Alzheimer, según informó su hija, Alison Tiihonen.
Un pionero autodidacta del poder mecánico
Nacido como Elon Jack Potter en Ithaca, Michigan, Potter creció en una granja donde desde joven demostró una fascinación inagotable por los motores. Comenzó reparando tractores y construyendo motocicletas caseras mucho antes de tener edad para conducir.
A los 16 años, se propuso un desafío que nadie había intentado: montar un motor V8 de automóvil en el chasis de una motocicleta Harley-Davidson. El resultado fue la legendaria “Bloody Mary”, una máquina temeraria que alcanzó los 209 km/h en su primera prueba en 1960.
De los V8 al motor a reacción
El éxito de aquella primera creación lo impulsó a recorrer durante más de una década el circuito de carreras de aceleración por todo Estados Unidos. En las décadas de 1960 y 1970, cuando las exhibiciones estaban llenas de innovadores y temerarios, Potter se destacó por llevar la mecánica al extremo.
Entre sus invenciones más célebres estuvo “The Widowmaker”, una motocicleta de tres ruedas equipada con un motor cohete excedente del ejército estadounidense, con la que estableció tres récords mundiales de velocidad terrestre.

Su espíritu experimental lo llevó incluso a adaptar motores de aviones de la Segunda Guerra Mundial para competencias de arrastre con tractores, y a crear camionetas familiares equipadas con motores Allison V-12, con las que también obtuvo múltiples campeonatos.
Reconocimientos y legado
En 1973, sus hazañas fueron registradas en el Libro Guinness de los Récords Mundiales. Dos décadas más tarde, en 1992, fue incorporado al Salón de la Fama del Automovilismo de Michigan, y durante dos años consecutivos fue reconocido como Campeón Mundial de carreras de tractores.
E. J. Potter fue mucho más que un piloto o un mecánico: fue un verdadero ingeniero autodidacta, un creador que desafió toda lógica y seguridad en nombre de la velocidad y la innovación. Además de sus exhibiciones, compartió su conocimiento y experiencias a través de libros y videos, dejando testimonio de una vida dedicada al poder de los motores.
Vida personal
Potter se graduó en 1959 de la escuela secundaria de Ithaca. Hijo de Howard y Sheila (Huxley) Potter, le sobreviven su esposa Deborah, sus hijos Jack y Alison (casada con David Tiihonen), sus nietos William, Jennifer, Jacob y Emily, y tres hermanas, todos residentes en Michigan.

E. J. no buscaba ganar nada. Simplemente aparecía e intentaba sorprender a la gente”, recordó el periodista Roger Meiners.
Y así fue: Potter no corrió para vencer a otros, sino para vencer a la razón misma. Su legado perdura como el de un soñador de la velocidad, un hombre que transformó el rugido de los motores en su forma de arte.
Mundo Goldwing Argentina

